lunes, 16 de mayo de 2011

No se tata de magnificar lo ocurrido, pero es que ha sido cojonudo.
Apenas había dormido con la dichosa tos y los mocos. Apenas me tenía en pie y mi consciencia rozaba la obnubilación total. Taxi hacia el psiquiátrico por la autovía nueva. Tensión y nerviosismo contenidos y grupo de buenos días.
( E. está demasiado sedado solo porque la doctora le encontró la semana pasada más alegre de lo esperado y le subió la medicación (eso me asegura y que se le queda la cara dormida y se siente como paralizado y le duelen las piernas); B. interrumpe constantemente a los demás y persevera en su discurso, siempre las mismas cuatro frases, y no es capaz de repetir la fecha de hoy ( Esther, por favor, déjale en el grupo, le recuerda a su época en Proyecto Hombre y le hace sentir bien); M. protesta y repite que está cansada, aunque hoy lo hace con menos insistencia, es la medicación que la tiene colgada; J.M. habla en clave, traduce, le digo entre risas, y él sonríe y se esfuerza por organizar su pensamiento disgregado y estelar).
Yo estoy dividida: atenta a todas las palabras que flotan en la sala y a la puerta que en breve podrá abrirse o no. Se abre y salgo disparada. Lo hemos dispuesto todo para que hablemos. Es el jefe del  servicio, el que está por encima de los demás y ha de saberlo. Me escucha tranquilo y afirma con la cabeza. El proyecto sigue adelante. Perplejidad absoluta. Desconcierto. Subidón. Nadie hubiese dado un jodido duro porque se posicionara de mi lado (Tania sí porque Tania cree en la justicia natural de las cosas).
Descuelgo el teléfono y de mi boca arrancan extasiadas dos palabras: hemos ganado.
Hoy abandonaremos el psiquiátrico contentas, descubriré una maravilla de blog de una chica de 14 años, guapa la mires desde donde la mires, dormiré al lado de Dani una siesta sin sobresaltos, soñaré con mi profe de fotografía y el curso nuevo que he visto anunciado en la red, merendaré un Nesquik con galletas y escucharemos admirados el discurso impecable y desolador de Garzón.

Justicia. Hay veces que llega y otras que se nos escurre. Lo único que importa es no dejar de buscarla.

(mi madre al teléfono, sí, casi lo había olvidado...)

domingo, 15 de mayo de 2011

Últimamente me siento invadida por una extraña sensación de gratitud. Me paso cuando, en una situación determinada, en mi cabeza suena un click y paso a ser la que observa con ojos alucinados las escenas que otro diría que son mi vida.

Toma uno: entro por la puerta de casa y un gato gordo se lanza a entregarme su bienvenida esquiva y gatuna, y Dani me dice que me quite las deportivas en el salón, y me quedo mirando el suelo de microcemento y siento el abrazo de una noche templada y tranquila; perfecta, quizás.

Toma dos: estamos los cuatro en el sillón: Dani, Pica, Tania y yo. En la pantalla de la televisión, También la lluvia. En mi mejilla unas lágrimas que se van deslizando al compás de un final poco creíble y esperanzador. Detrás del desencanto puede esconderse una posibilidad.

Toma tres: es la barra del bar donde solemos tomar algo por la mañana. Hoy ha sido un día intenso e injusto y allí mismo Cachi, iphone en mano, me enseña el correo que acaba de recibir. Es Janet y nos dice cosas tan bonitas y tristes que vuelvo a llorar. No me escondo de nadie y se me pasa rápido, apenas un pinchazo de rabia y amor.

Hay más tomas, en algunas está Sonia en la orilla de la playa, hablando y escuchándome sin parar, con su bikini a rayas naranjas y blancas y ese cuerpo robusto y contundente que nunca ha sabido apreciar; en otras estoy yo, sola, disfrutando de una tarde cualquiera, callejera, consumista, buscadora.
Y las risas del viernes a última hora de la mañana con E. tirado en el suelo simulando una cama de agua, y el careto que se me quedó esa misma noche viendo una obra de teatro absolutamente absurda e incomprensible, y el último libro sobre psicosis que leo, tan lleno de auténticas revelaciones...

También han pasado cosas que no son dignas de mi gratitud. Pero hoy no importan. Jamás lo han hecho, en realidad.

lunes, 9 de mayo de 2011

No sé si con este sueño podré articular varias frases seguidas con sentido. Pero que no sea por no intentarlo.
Ha sido un fin de semana de remontada, después de unos días extraños y melancólicos. Sabía que la luz volvería a brillar, que solo era cuestión de charlar un ratito con Dani, de enamorarme de una historia, de reírme con Justo al otro lado del teléfono, de pegarme una juerga con la gente que quiero, de dormir sin prisas...
Solo era cuestión de desearlo, al fin y al cabo.
Porque sería injusta si me dejara arrastrar por la desesperación y el abatimiento. Borrarme del mapa cargándome de hastío sería una auténtica pérdida que no voy a permitirme.
Prefiero sonreír y continuar la lucha:  resistir es la consigna.

(tengo un nuevo proyecto en la cabeza, algo que de materializarse podría suponer una importante aportación a esto de la salud mental y sus usuarios; me cuestiono si mi inflexibilidad con lo que percibo como flojera moral en los otros no es más que humo e inconsistencia; sé que tengo suerte cuando Dani me asegura que hará todo lo que esté en su mano por hacerme feliz; la distancia con mi madre se dilata y se llena cada vez de más silencio; ver al gorrión en verano, tumbarme en la piscina, escribir algo importante...)

jueves, 5 de mayo de 2011

"Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo". Así comienza la historia. Con una declaración de intenciones de un niño que decide dejar la escuela para subirse a un ciruelo a contemplar el cielo y la misma nada.
No hacer nada... tentador y aterrador al mismo tiempo. Porque si dejase de hacer cosas dejaría de creer en ellas, aunque por otro lado, el hecho de hacer y hacer no termina por convencerme de nada.
Quizás, solo es cuestión de autoengañarse y hacer como que esto o aquello es importante. Te puedes dejar guiar por pequeñas punzaditas de placer, da igual si es un placer con sabor a sucedáneo. Paladéalo y a callar.

La cuestión es que si paras, estás perdido. Perdida.

(tarde de miércoles, decido salir a dar una vuelta, paso por una librería y me voy a inspeccionar el nuevo local al que van a trasladar el gimnasio, me cruzo con un compañero de trabajo y nos dedicamos a marujear un buen rato, en la bandeja de entrada hay un correo del gorrión en el que me dice que estoy guapa, que se ha emocionado al leerme y me ha sentido más cerquita, fantaseo con mandar a la mierda Saltando Muros porque a César hoy le ha faltado honestidad y yo me he roto un poco por dentro, duermo mal como todas las noches y me levanto saturada de incredulidad)

martes, 3 de mayo de 2011

El día se va estirando como un chicle pegajoso que poco a poco se va quedando sin sabor. Estoy amodorrada y el aburrimiento hoy me ha inmovilizado. Pensaba haber escrito un artículo que debía haber escrito hace tiempo. Un paseo por la playa. Una sesión de photoshop para las fotos de Budapest. Y nada. Solo deambulo y duermo y como. Y cuanto más terreno le cedo al abandono más alas le doy a mi imaginación. Y me pongo sádica e injusta hasta enmudecer. Cuando, en realidad, lo único que deseo es gritar.

(navegar por la red sin prestarle atención a nada, dejar que el sol queme mi piel, esperar algo, un estallido que me divierta, alguna salida hacia ningún lugar)
Paseo de domingo lluvioso. Hacemos una parada en una sala donde exponen fotos. Son imágenes sin alma. Enormes reproducciones fallidas y mediocres. Una auténtica tomadura de pelo si lo que buscas ahí dentro es algo de conmoción.

Volvemos a intentarlo y entramos en otra sala. Es gratis y no tenemos nada mejor que hacer. Y de nuevo me sobreviene la decepción. El tipo que ha pintado esto no me gusta. Por suerte hay una última serie de retratos incompletos con textos escritos a lápiz. Me gusta el más tonto de todos: uno en el que la Reina de Corazones le dice a Alicia algo así como que ella antes de desayunar ya ha pensado en cinco cosas imposibles que hacer.

Con el cine últimamente tengo más suerte. Incendies me deja alucinada. Mi punto débil son las mujeres fuertes. Las mismas que pueden empuñar un arma y perdonar a su enemigo. Las que creen en algo y no se dejan gobernar. Stone también me gusta. Hay que echarle huevos y destreza para crear con un par de pincelas unos personajes tan miserables y jodidos. Sin demasiadas concesiones, que para las medias tintas ya tenemos la vida real.

Y ya puestos, he de reconocer que hace tiempo que no me leo un libro que me haga disfrutar. Me paso la vida en la blogosfera y de vez en cuando cae en mis manos algún artículo con el que calmo mi conciencia adiestrada en la idea de que sin una formación permanente no dejaré de ser una más del montón. Como esas personas que pasan a tu lado sin pena ni gloria y que solo dejan rastro en pobres desgraciados a los que engañan como se engañan a sí mismas. Saturadas de tanta hoquedad. Penosas. Cutres. Y engreídas, las muy imbéciles (rostros nítidos se dibujan en mi cabeza, como el de ella, la que ha estado a punto hoy de tumbar a un paciente porque se ha pasado con la dosis de tranquilizante. Con haberle escuchado dos minutos habría bastado. Ignorante).

(hoy me he pasado media mañana con un gatito que ha aparecido en el motor del coche de Cachi; he ido a gimnasia y las pulsaciones me la han vuelto a  jugar y yo le he dicho a Carmen, la profesora, para así conseguir creérmelo, que no pasa nada, que me lo voy a seguir currando hasta que lo consiga, que hay muchos marfanes que no la palman jóvenes y yo seré una de ellos; la muerte resulta menos amenazante cuando por fin logras creerte que eres tú quien dirige tu vida).

Buenas noches.

domingo, 1 de mayo de 2011

Algo me urge por dentro. Son los sueños dormidos. Es el deseo insaciable. El caos arrepentido.

Hoy es primer domingo de mayo. La voz de mi madre suena remota y cansada al otro lado del teléfono. Como de costumbre, nos intercambiamos un manojo de tópicos y lugares comunes inmunes a cualquier atisbo de emoción encontrada. No sé cuando se instaló la imposibilidad entre nosotras. Tampoco tengo certeza alguna de a quién corresponden las culpas. Ni siquiera podría afirmar con contundencia qué siento al respecto. Sólo intuyo un abismo en mi corazón. Un silencio detrás de las palabras. Un vacío que relleno con la rabia y los recuerdos que aún permanecen.

Estos últimos días he estado áspera. Inquieta. Disconforme. A veces me ocurre. Y me comporto como una niña malcriada. Y entonces me escudo en un millón de condiciones y exigencias para dejarme querer. Hasta que el ciclo se rompe y dejo de forzarme en dirección alguna. Y transito senderos donde no existe el miedo ni la desidia. Espacios reducidos donde mi conciencia es calma y es blanca.

(mi cabeza bulle y mi letra es torpe; querría quedarme solo con lo indispensable para explotar por dentro sin rebasarme)

lunes, 25 de abril de 2011

Tori Amos canta a mi lado. Casi susurra en mis oídos. Su voz es dulce e intensa. Es la voz que busco. Una melodía inofensiva que me ayude a pensarme. Que me deje escapar durante unos segundos de la hoja de ruta que llevo cosida a los ojos: si oculto el paisaje, me oculto yo.

Hace unos días tuve un extraño lapsus: tú y nosotros, le dije a Dani.
Ahora soy un poco los dos. Huyendo de la soledad infinita. Paseando cogidos de la mano junto al mar azul. Estrenando por fin el horno de la cocina rojo-fuego del salón verde y negro que acabó con una casa que olía a fecha de caducidad y chapuceo. Escuchando los cds que compré culposa en uno de mis arrebatos de chica consumista. Viendo una peli a primera hora de la mañana desparramados en el sillón. Besándonos antes de dormir como hacemos siempre. Escuchando a Tania hablar sin pausa de toda una vida construida de pedazos de otros, tan banal y tan apasionante como la de cualquiera.

Tú y nosotros cenando. Me cocinas porque sueles hacerlo y hoy lo haces porque tengo una contracción muscular y me duele. Y me haces sentir en casa mientras me cuidas. Me entregas una seguridad que es solo nuestra.

(hoy hablo casi una hora con Ana al teléfono; no la conozco; es médico de familia y escribe y tiene un programa de radio donde pincha blues y un día un tipo que salió de pronto de entre unos árboles le quiso vender un libro y terminó contándole su vida de esquizofrénico en su programa radiofónico; nos gustamos y me lanza una indirecta que me hace soñar; quizás colabore en su pequeño programa; quizás la radio sea un bonito lugar para)

martes, 19 de abril de 2011

J. me ha contado un secreto. Necesitaba vomitarlo y me ha elegido a mí. Me ha hecho prometerle que todo quedaría entre nosotros. Voy a ser la única persona que sepa por qué J. está destrozado. Porque si te pasan ese tipo de cosas, te rompes para siempre. No hay salida en el infierno. No vas a escapar nunca de tanta negrura, lo sé. Y seguirás, lo quieras o no, la senda violenta hasta volarte los sesos o destrozar al primer imbécil que se te cruce en el camino. O lo que es peor: seguirás vivo aguardando el momento del amor que jamás llegará.
( me suplicas en silencio que te quiera, derrotado y desdentado, hinchado y con un hilo de voz rota, pero ya sabes la respuesta a tus deseos torcidos, sabes que el final fue parte del principio)

El aire en el psiquiátrico empieza a hacerse irrespirable. Estoy jugando a muchos bandos sin cambiarme de disfraz. No puedo reprimir la náusea que me produce tanto fascismo. Y si la náusea explota, me tendré que marchar o le tendré que escupir en la cara a demasiada gente.

( por la tarde duermo como un lirón, me felicito por mi tenacidad y los pequeños progresos en el gimnasio y me dejo querer entre protestas y quejas tontas y todos los momentos del amor que J. hubiese querido presentir. Y que yo he dejado de esperar para abrazarlos, sin más )

lunes, 18 de abril de 2011

Hoy he conocido a Janet, una americana de unos 50 años, con la cara lavada, el pelo rubio alborotado y unos enormes ojos azules. Me ha hablado de su proyecto de arteterapia del que espero ser testigo excepcional. También me ha escrito un email poco después de nuestro encuentro diciéndome que le había gustado encontrar a alguien como yo. Sé a lo que se refiere. Soy una maniática de la desobediencia empeñada en ocupar siempre algún papel protagonista en las historias que me toca vivir.
- papá, yo no quiero ser la narradora, yo quiero ser un personaje, le inquiría al padre que perdería muy poco tiempo después, mientras juntos preparábamos una obra de teatro del cole.
- seño, ¿por qué no me elige a mí? protestaba Esther la niña el día que a la seño le tocó la extraña tarea de escoger al alumno más listo de la clase.
A día de hoy me siguen escandalizando cosas parecidas. Y me peleo con mis superiores y les pierdo el respeto porque no sólo estoy cargada de ideales. Es que además sigo creyéndome importante o quizás todo lo contrario, nunca se sabe.
Entre nuestros dos cuerpos yace el gato.
Unos centímetros nos separan mientras el gato, ajeno a cualquier distancia,  descansa arropado por nuestra piel y nuestro olor y el calor que todavía emanamos.
Y miramos la pantalla del televisor.
Nos esquivamos entre fotogramas en blanco y negro y una musiquillla atronante y unos personajes inverosímiles e inmaculados. Cine a raudales para una tarde de domingo que terminará con su mano entrelazada a la mía y mi sonrisa dándole esquinazo a mi obstinación.
Como cada noche, nos besamos apasionadamente.
Al cerrar los ojos me percato de todo Ahora sé que le quiero. Que hoy tampoco dormiré en condiciones. Ahora sé lo que me importa.

domingo, 17 de abril de 2011

Día gris de silencios. Duermo durante toda la mañana.
Hoy no tengo ganas de tener ganas de nada. Hoy me dejo abandonarme.
Mientras retumban en mi cabeza los reproches y el hastío, mi cuerpo va cediendo terreno a la nada de un sueño blanco, mudo.
Y del dolor presentido, del cansancio del que lleva demasiado tiempo en el mismo sitio, vuelve mi necesidad de recogimiento. Hundirme otra vez en las palabras. En la tibieza de un texto que se me resiste, que me seduce, que me dibuja una mueca única e íntima  de satisfacción de la buena.
A veces, echo de menos mi tristeza y me aterroriza dejar de sentirme. Otras, solo escapo con el piloto automático a todo volumen, para así no oírme demasiado.

jueves, 7 de octubre de 2010

Suena una bonita canción de Calexico y mientras tanto me acuerdo de él. Con su carita de viejo prematuro y sus ojos tristes. Incapaz de gobernarse. Me da miedo matarle. Me aterra matarme. Solo en la derrota y lo suficientemente lúcido como para no soportarse. Porque una vida de mierda no la sobrelleva cualquiera. Basta ya de tantos golpes gritó una soga en su cuello una mañana de lunes. Y nadie escuchó el crujir de sus huesos. Fractura final y una historia clínica menos en los estantes de cualquier planta de psiquiatría.

Y con su pérdida yo vuelvo. A la boca de un desierto que tanto echo de menos. A la aridez de la ausencia sentida. Al oasis de las palabras que brotan de mi garganta callada.

O quizás, no.

viernes, 2 de julio de 2010

Sophie

Me llamo Sophie y hoy podríamos decir que es mi cumpleaños. En realidad, no sé qué día vine a este mundo. Mamá no ha vuelto a hablar ni a moverse desde el mismo momento en que nací. Sin embargo, yo puedo escucharla a todas horas. Ése es mi calvario y mamá es mi penitencia. Porque ella no me eligió ni me deseó como otras madres desean a sus hijos.

He visto en sus sueños toda la violencia con la que fui engendrada. Ella, indefensa y aterrada con la vista clavada en su tarot desparramado por el suelo. Y en el reflejo de sus pupilas la carta de los enamorados vuelta del revés con la muerte a su lado. Y un no desgarrador e interminable con el que culminó mi concepción.

Pero hoy tengo mucho que celebrar. Al fin y al cabo aún sigo viva y he resistido, vaya que sí, a todo el odio de mamá y a su incesante martilleo en mi cabeza.
Sin olvidarnos del  maldito polvo del desierto que me ha acompañado allá donde fuera y de esta caravana hacia ninguna parte que ha sido mi existencia.

Las ferias son así y además, dónde podríamos ir a estas alturas, me han repetido una vida entera todos mis compañeros hasta grabarlo a fuego en mi desesperanza. Una pitonisa desparramada sobre un diván del que hace ya una eternidad decidió no levantarse y yo, la pobre y entregada Sophie, la voz y las manos que cada noche materializan sus premociones ante la avidez y la desesperación de todo un desfile de seres anónimos que jamás me importaron.

Podría ser peor, me dice mamá cuando tiene un día de los buenos. Liv y su madre bailan desnudas y dios sabe qué hacen después con todos los tipejos que acuden a sus pases.

La mujer barbuda, el niño tortuga, la chica langosta, el hombre alambre, no son mucho más felices que nosotras. Ben ni siquiera tiene un pobre lecho en el que descansar después de cada jornada. Y el patrón, al que jamás nadie ha visto, y que se ha pasado los últimos años inmóvil tras un telón, sin apenas aire que respirar encerrado en el camión verde.

Ni siquiera podríamos jurar que el patrón no sea más que una artimaña de Sam, el encargado de todo este tinglado, para hacernos obedecer sin rechistar con ese aura de misterio y destino que le confiere a nuestras vidas el ser guiados por un ente invisible y todopoderoso.

Aunque mamá no deja de decirme que el patrón es tan real como el cielo plomizo que nos ahoga y las horas de carretera que nos aguardan a cada amanecer. A veces, lo hace con tal insistencia que llevo ya mucho tiempo fantaseando con él, rezándole, hablándole a todas horas, como si fuera el dios en el que nunca creí o el ángel que ese dios impreciso ha creado para mí.

Ayer mismo hice acopio de todo mi valor y entré sigilosa en el camión verde, su guarida. Pensé que quizás el patrón podría darme alguna respuesta. El interior estaba muy oscuro pero pude intuir algo así como unas gruesas cortinas que partían el recinto en dos. Me acerqué despacio y susurré un hola tembloroso, diminuto. Quizás él pudiese liberarme. Acerqué mi mano a la enorme tela de terciopelo azul y de pronto, los gritos de mamá me hicieron retroceder. Pero ya estaba allí y tenía que continuar. Una mano de anciano, arrugada y casi muerta, me sujetó fuerte del brazo y entonces la vi. Era ella, era la mujer que un día fue, la joven risueña que en otro tiempo me hubiera podido querer.
Vete y no vuelvas nunca más. Me ordenó mamá desde otro tiempo.

O el patrón. O mi deseo.

Y así, con apenas unos dólares en el bolsillo eché a andar hacia otro lugar.

Cualquiera sería suficiente.

jueves, 24 de junio de 2010

En sólo un día todo el dolor se ha disuelto como una gota de agua que se zambulle en el mar. Estoy más cerca de poder saborear estas noches de verano. De perderme en su espesura con un libro entre las manos mientras los ecos del patio interior me arrullan. Y dejarme llevar por la ópera que se cuela por mi ventana todas las tardes mientras mi cabeza transita otros parajes. Y vencer el hastío y abrir de una vez los ojos sin ningún peso más sobre mis espaldas. Erguida y con paso firme. Así es como quiero avanzar. Ligera y confiada.

( Carnivale me ha hipnotizado como si fuera la sustancia perfecta que anhelaban mi sentidos )

( Su mano sobre la mía, presionándome fuerte, llamándome sin cruzarnos la mirada )
Me encanta volver a los malos hábitos de los viejos tiempos. Cuando casi todo se ha quedado ya vacío, cuando el brillo se ha hecho opaco, sólo la imaginación y las palabras y una vida inventada a golpe de teclas disonantes puede salvarme.
Por eso vuelvo a la carga. Para reiventarme sobre la marcha. Para pintar los recuerdos con trajes de un solo tejido: el que cubre mis entrañas.

Un gilipollas engominado me ha seccionado el menisco y me ha regalado una duda: no tendrías que haberte operado. Esta clase de tipejos arrogantes alimentan mis fantasías más perversas. Suerte que al final siempre me quedo en la buena chica.

Mi casa es un proyecto inconcluso. Sólo quería insonorizar mi habitación y al final voy a fulminarme todos los ahorros en una reconstrucción acelerada de espacios obsoletos. Lavarme la cara me habría salido más barato.

Tengo el deseo dormido, hace siglos que no descanso como dios manda y varios interrogantes me acechan como buitres.

Pero mañana podría ser diferente.

( mi deseo mudo grita, así lo siento)

( intento enmendar el pasado, como si a alguien le importase)

( es bonito tener a Lila aquí delante, ensimismada con la pantalla del ordenador, entregada a mis caricias)

martes, 18 de mayo de 2010

El error de papá

Papá era un hombre temido. Extremo, infeliz, ácido, maleducado. Dibujaba muy bien y no creía ni en dios ni en los curas. Imitaba a la perfección el canto de los pájaros y, veces, hablaba en poesía. Una mirada suya era suficiente para que te meases encima. Una palabra bastaba para sentirte importante.

Papá era un hombre serio, firme, duro. Pero también era tierno y me quería.

Papá fue una víctima de sí mismo. Lo descubrí estupefacta un día por casualidad mientras trajinaba en un viejo cajón de la habitación que él ya no ocupaba. En la autopsia decía etilismo crónico.

Más tarde supe que papá no sólo había sido alcohólico.

Mamá me confesó a regañadientes que papá también había roto un condón para dejarla embarazada y que no le abandonase.

Pero tuvo mala suerte porque mamá perdió al bebé y casi muere desangrada.

Poco tiempo después fue él el que terminó por dejarnos a nosotras, víctima esta vez de una jodida arteria que estalló sin avisar. Me duele el brazo me dijo preocupado mientras planchaba la ropa y yo le bombardeaba a preguntas sobre esto y aquello.

Y así fue como toda su profundidad y su rabia se esfumaron de mi vida dejándome a solas con una imagen difusa y partida de un padre al que seguiría preguntándole hasta el último final.

domingo, 9 de mayo de 2010

Futuro


Intento enfocar la imagen de un futuro que sea mío y me tiembla el pulso y la estampa se me escapa mientras mis pies quietos se niegan a obedecerme. Así, inmóvil y confundida, sólo consigo robarle al porvenir algunos colores difusos cargados de miedos y deseos en diferentes proporciones.

Futuro rosa soñado, perfecto e imposible tiempo de una vida libre de errores y vacía de todo lo innecesario.
Futuro ocre maldito, de arterias dilatadas que crujen y finales oscuros e incomprensibles.
Futuro azul celeste, dulce prolongación de los pasos que hoy me llevan de tu mano hacia un después seguro.

Y es que con el después es más fácil lidiar, me digo. Sólo tienes que sacar el boli del bolsillo y hacerte con un pedazo de papel en el que imprimir tus planes para mañana, inmersa y segura en mitad de un proceso concreto y asumible para mi cobarde y constreñida imaginación.

Pero el futuro está lejos y lejos significa fuera de mi alcance y lo que no puedo ver con claridad me asusta o me hace sospechar.

Quizás es que me falta fe o que simplemente así estoy bien.

Lejos de todo mañana.

miércoles, 28 de abril de 2010

Morir Joven

Quiero accionar la tecla de los aciertos que no pudieron ser entonces. Quiero hacerlo ahora porque por fin lo he comprendido. Ahora que es tarde para todo, aún me queda tiempo para lanzar el grito que no quise escucharme. Un grito de muerte y aniquilación absoluta. Un aullido que lleva dentro el dolor del crimen no cometido.
Quise morir joven y maté tan sólo al deseo oscuro. Y ahora, me rindo ante la losa de los años gastados, que, burlones, me han tomado la delantera tanto que ya no me pertenecen.
Lo supe todo y creí no saber nada…
Que ya no habrían más primeras veces, que el mundo entero sería a partir de entonces una estúpida repetición, un plagio mediocre de otros mundos extinguidos..
Que el terror al adiós definitivo asomaría entre mi cuerpo gastado hasta desgarrar toda esperanza, hasta cegarme los colores..
Que me asfixiaría entre un pasado anhelado y un futuro hueco alimentado de sobras y desperdicios..
Que menguarían los deseos y se dilatarían las culpas y los sinsabores..
Que un día dejaría de engañarme y ya no sería aquel buscador de sentido, aquel loco rastreador de respuestas a extrañas preguntas..
Que los excesos quedarían vetados para mi cuerpo marchitado y sin ellos el tedio se haría insoportable..
Que al final, la belleza y la verdad y la misma vida serían sólo una ficción que se derrumba cansada ante mi fatigada incredulidad..
Me hubiera pegado un tiro el mismo día que tus besos y aquella canción ya no me estremecieron
Y así hubiera dejado de morir todos los días..

lunes, 26 de abril de 2010

Huellas

Desanda lo andado y busca entre las huellas... Ésas fueron sus últimas y contundentes palabras, como si fuese tan fácil, no te jode. Gurú de poca monta, estúpido prepotente.. Estoy harta de su actitud críptica y enigmática. A lo mejor es que no se entera. No sería de extrañar que sólo fuese un farsante. De los que te cobran 100 pavos la hora, eso sí. Un farsante con suerte..
No soy una chica fácil. Él aún no lo sabe pero no lo soy. O él calla aguardando la catarsis final, el descubrimiento definitivo. Dice que yo tengo las respuestas. Claro que las tengo, joder. Pero con él me distraigo y hago casi literatura de lo que no son más que polvos de tres al cuarto, fugaces, sin sustancia, enormes y diminutos, qué coño importa..
Fácil, sucia y adicta al exceso. Lo sé, imbécil. Deja ya de mirarme así desde tu sillón desfasado. Oculto entre los vapores fluorescentes de tu lamparita de anticuario. Con esa carita de cortesía fingida, con ese interés que ni tú mismo te crees..
Coleccionista de lenguas y flujos anónimos, lo sé. Sin culpas que expiar ni purgatorios al final del túnel. Sólo otro cuerpo más y otro y otro.. Dulce vaivén sin destino, agrio balanceo sin final...
Desanda lo andado y sueña, me insinúas entre citas freudianas y esa manía de buscar un símbolo hasta en mis estornudos... Y yo sueño porque en el fondo sólo deseo obedecerte.
Dirías que un sueño así sólo puede esconder una verdad. Yo te diría que no esconde nada. Que la verdad es tan evidente que resulta casi ridícula, que es sólo un recuerdo infantil.. desnudo, grotesco y obvio, como yo misma..
Y sueño que somos niñas. A mí me ha tocado por sorteo de la puta naturaleza ser el patito feo. Un patito simpático, listo, descarado. Una patita ingenua y sin malicia, curiosa y llena de preguntas. Es verano y nos pasamos el día entero en la calle. Entonces los chicos se presentaban a las chicas. Nunca a la inversa. Subimos la cuesta que da al al kiosco de Martín y le vemos aparecer. Es el guaperas de turno y viene directo hacia nosotras. Risitas nerviosas, codazos, pellizcos y un incómodo calorcito que baña nuestras mejillas. Primero se acerca a ellas, a las hermanas, las que siempre ganan todas las competiciones de natación del barrio, robustas y hermosas . Se presenta, descarado y ufano, y cuando se les acerca para besarlas, ellas le extienden sus delicadas manos y le propinan un casto apretón. Son chicas guapas pero decentes. O quizás, precisamente por ser guapas no les queda otro remedio que ser decentes.
Me toca el turno, yo me acerco sin vacilar y antes de que mis labios empiezan a contraerse en una mueca de beso de niña, él ,ahora socarrón y altivo, me estrecha la mano y se da media vuelta.
No me besó el muy cabrón. Y yo ahora les beso a todos. Como si todos fueran él o algo por el estilo.
O eso pensaría mi psicoanalista si alguna vez le hablase de ello....